¿Verdadero o falso?

Del dinero que sacamos de los cajeros o nos entrega el cajero del banco no solemos abrigar dudas acerca de su autenticidad, pero ¿hasta que punto es auténtico? Es decir, ¿es el dinero auténtico realmente menos falso que el que no es “auténtico”? Dejándome de juegos, cabe preguntarse que significa en realidad que los billetes sean auténticos. Porque la cuestión no es tan estúpida como parece de entrada. A mi nuca me lo pareció, pero si les sorprende la cuestión, les sorprenderá también que algunos (pocos) políticos y economistas sí se planteen la legitimidad del monopolio del dinero. Monopolio ejercido en parte con la lucha contra la falsificación (o competencia, cabría decir) sobre la emisión de dinero.

Tal como comento Ron Paul en su blog: “Si nuestro sistema monetario es realmente saludable, y la Reserva Federal en efecto estabiliza el dólar, como aseguran los que hacen apología de la misma, ¿por qué temerle a la competencia? ¿Por qué aceptamos el control centralizado y monopólico sobre nuestro dinero? En un mercado libre o voluntario, el dólar fiduciario del gobierno se vería obligado a competir por el beneficio de sus usuarios -consumidores, ahorristas, inversores- con otras monedas alternativas.”

Según el economista austríaco Ludwig von Mises, la moneda libre es un instrumento que protege nuestras libertades civiles de los gobiernos despóticos. Nuestro sistema monetario actual es, en efecto, despótico; y la mejor manera de corregir las cosas es simplemente legalizando la competencia entre monedas.

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