Una nueva economía

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Contra el archiconocido mantra de la competencia y el liderazgo, un poco de capa caída en tiempos de crisis global y afloramiento de corrupciones de todo color y pelaje, surge tímidamente, pero con paso firme, una nueva manera de hacer negocios. Un estilo nuevo de negocio que se ha visto favorecidad por la irrupción de internet en la mayoría de lugares y hogares. Son los negocios en malla que nos explicaba Lisa Gansky, para quien el futuro de los negocios es compartir. Como muestra un botón: el directorio de “la malla” de Lisa Gansky, o el directorio de proyectos de consumo colaborativo, creado por Albert Cañigueral (también creador de ouishare.net). Este emprendedor afirmaba en una reciente entrevista que con el modelo colaborativo priman las ventajas: se eliminan intermediarios, se crea comunidad, se ahorran costes y se ingresa un dinero extra. Y diría que no le falta razón.

El fácil acceso a la información y la necesidad de usar más eficientemente los recursos, unido a una casi generalización de la cultura low cost, está impulsando este cambio de mentalidad. Ya no es necesaria la propiedad de los activos al 100%, ahora es posible utilizarlos por un corto período de tiempo y compartirlos con otros usuarios. De este modo ganan los bolsillos del consumidor y los del pequeño empresario (o emprendedor) que no necesita arriesgar un gran capital para iniciar una actividad económica. Y gana el medio ambiente, lo cual no es poca cosa, dadas las circunstancias. Por ejemplo; compartir el coche es bueno para los usuarios del servicio, para el tráfico y para los pulmones de los sufridos ciudadanos. Es una cultura donde prima más la experiencia y disfrute que la propiedad, o el Ser sobre el tener.

Entre todos esos modelos de negocio de economía compartida, algunos de las más novedosos (todos lo son, pero unos más que otros): el coworking y el crowdfunding (o micromecenazgo).

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El coworking en particular parece estar experimentando el inicio de una revolución, a juzgar el rápido incremento tanto de la demanda como de la oferta. Claro que cuando se parte de cero, los incrementos iniciales normalmente son impresionantes. En cualquier caso, la oferta de espacios parece crecer aún más rápido que la demanda (¿otra burbuja?), con lo que no podría considerarse un negocio en sí mismo, además de lo caro -aún- de las propiedades inmobiliarias bien situadas en capitales y localidades grandes. Cabe plantearlo, más bien, como un complemento de ingresos, al tiempo que se aprovecha un espacio libre y se ofrecen otros servicios, creándose  -con un poco de suerte- una suma sinérgica de  talentos de los emprendedores o freelance que comparten el lugar de trabajo. Y esta es seguramente la principal baza de esta alternativa; la colaboración entre trabajadores, especialmente si son de ámbitos complementarios.

Apostaría a que fue en San Francisco, o en general en la costa californiana de los USA (lugar que podría ser considerado el laboratorio de nuevas tendencias planetario) donde nació el fenómeno coworking. Es difícil saber si fue allí antes que en New York (o que en Seattle). Pero en cualqueir caso en los USA llevan algo más de una década de adelanto con el asunto. Allí llegó y se quedó. Es de suponer que en España (y en otros países donde aún es una novedad) podría ocurrir lo mismo.

Más información en:

Coworking Spain

Comunidad coworking

Artículo original

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