El hechizo del crecimiento

Por Alberto Montiel Casas

Como ocurre en toda gran crisis, se nos presenta la oportunidad de ser conscientes de la habitual lucha de todos contra todos.

Porque la escasez de dinero y recursos nos llevará -si no logramos sobreponernos a la imbecilidad economicista- a una intensificación de la competencia muy peligrosa.

Y sin embargo, esa competitividad se considera saludable para el “progreso” en los periodos de crecimiento “normal”. Porque se supone que el crecimiento económico es la condición indispensable para el funcionamiento del capitalismo financiero, el único que se nos permitió conocer, por cierto.

Pero ese juego de la competencia no es nada inocente. Al contrario, todos los jugadores terminan perdiendo de un modo u otro. La mayoría pierde de forma evidente y en otros casos los perdedores no lo parecen a ojos de los demás. Pero incluso los ricos, afortunados del juego del capitalismo, en la mayoría de las ocasiones pierden mucho más de lo que parece: a menudo pierden -igual que los pobres- la propia vida, pues la pasan dedicados obsesivamente a proyectos que les consumen tiempo y salud: pierden la dignidad, la autoestima, quizá incluso el afecto de sus familiares y el respeto de quienes les rodean.

Podría decirse por ello que también son víctimas del juego.

El capitalismo es un juego sin apenas vencedores, y sin embargo esos poquísimos ganadores se las arreglan para convencer a todos los demás de que es una forma eficaz de incentivar el desarrollo, distribuir los recursos, mover los engranajes del progreso y alcanzar la paz, garantizando de paso la democracia.

Lo peor de todo es que algunos esbirros del sistema, como algunos intelectuales, consiguen desarrollar teorías -tan elaboradas como estúpidas- para justificar el horror económico. Y así nos mantienen bajo el influjo del hechizo capitalista.

Despertar es imprescindible para comprender. No hay libros ni expertos que os puedan mostrar la magnitud del engaño.

Como todo, es una cuestión de opciones: continuar bajo los efectos del Morfeo del Crecimiento, o despertar a la cruda realidad de nuestro Mundo Entrópico*. Aunque no es una elección fácil.

Quizá la única forma de convivir saludablemente con leyes físicas como la entropía sea adaptarnos a los procesos naturales, como hacían los “primitivos”. Unos procesos naturales que tienen más relación con una “Naturaleza Simbiótica” (cooperativa) que con el patológico “darwinismo social”.

Pero no se preocupen por el tono dramático del texto: es fruto de ensoñaciones o inspiraciones que anoté medio dormido, apenas desperté. Mejor vivamos despreocupadamente, consumamos mientras podamos, trabajemos duro, paguemos los impuestos con alegría, y confiemos en el buen criterio y honestidad de nuestros numerosos representantes políticos. (imagino que se pilla la ironía, ¿no?)

Ya vale de cháchara improductiva. ¡Circulen! No entorpezcan… al Tinglado (al Sistema)

 

* Mundo Entrópico: aquel donde un creciente desorden lleva al caos social. Y ni la tecnología, la economía ni la política pueden evitarlo. Todo lo contrario: agravan el problema al introducir una incontrolable complejidad en los sistemas.

Con el tiempo, ese desorden se manifiesta en forma de colapsos de ecosistemas y sociedades, en mayores tensiones entre civilizaciones, y en la insatisfacción general de las personas con sus opciones vitales. Es decir: conflictos armados, rebeliones, depresiones, locura, suicidios, etc

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