¿está la red al límite?

Por Alberto Montiel Casas

Leo entre ligeramente sorprendido y divertido el artículo sobre Facebook que aparece en la portada de XL Semanal, muy interesante suplemento dominical de varios diarios, como el Diari de Tarragona.

Por el aparente mosqueo del autor parece que éste (o alguno de sus jefes) han perdido algún dinerillo al comprar acciones de la criatura del dulce Zuckerberg (Zucker-berg vendría a traducirse como montaña de azúcar, en alemán), aunque lo más probable es que simplemente empatice con aquellos para los que la experiencia inversora resultó más bien amarga.

Otros no se conformarán con la pataleta verbal, y pasarán de las palabras a los hechos; algunos inversores privados ya demandaron a Facebook y a bancos como Morgan Stanley, JP Morgan y Goldman Sachs por utilizar la información interesadamente (ocultando una y resaltando otra, vamos lo único que saben hacer bien, realmente). Sin embargo, el pequeño inversor aficionado parece que sigue creyendo los pronósticos y análisis públicos de los “expertos” a sueldo, como si su interés fuera que todos ganaran (y como si éso fuera posible).

También se acusa a la red social en cuestión de que se fijara un precio por acción demasiado alto en relación a los activos reales y a la rentabilidad “histórica” (al menos del último año). Pero si precisamente la cifra ya era sospechosamente alta, es sorprendente que gente culta (y a veces también inteligente) siga creyendo en la posibilidad de ganar en un juego (el mercado de valores) contra quienes dominan la información privilegiada, los medios para el control, y la agilidad para la reacción inmediata. Los aficionados -como yo lo fui en su día- todo lo más deberían plantearse inversiones muy a largo plazo, nunca a corto. O mejor aún, olvidar que existe la bolsa.

Lo que queda fuera de dudas es que la capitalización inicial con que salía a bolsa la red social del “libro de las caras” era casi un disparate. Más disparate que la de otras empresas incluso. Todo ello no significa que no sea una gran empresa y una gran idea, pero desde luego no tiene el potencial de producir dinero que le atribuyen algunos propagandistas, como tampoco la tienen otras grandes compañías, ya sean puntocom o sean empresas que fabriquen productos reales, servicios “indispensables”como la energía, etc.

El problema de fondo es la interpretación de la economía según el crecimiento continuo, que ni tan solo las empresas .com (no tan inmateriales como creen) pueden lograr durante mucho tiempo.

Todo tiene un ciclo, se llega a un máximo, se mantiene más o menos tiempo, y finalmente decae.

En estas empresas de crecimiento tan fulgurante es muy probable que todos los ciclos sean igualmente rápidos. Pero surgirán nuevas ideas y nuevas posibilidades de inversión, eso es seguro.

Y muchas de ellas, quizá las mejores, nacerán, como la criatura de Mark, a partir de las posibilidades de internet. Pues aunque se señale agriamente que internet no ha sido la locomotora económica que algunos esperaban, imagino que ningún artífice y protagonista del invento creería o desearía nunca que hubiera sido tal cosa (eso lo dijeron, si acaso, los genios de Wall Street).

Sin embargo, internet es algo mucho más importante que una locomotora para la economía: es un sistema nervioso que conecta e informa a gran velocidad, a todas las “locomotoras”, que podrían acabar arrollando lo que encuentren a su paso si no se controlan adecuadamente. Diría que internet es como el controlador de la máquina de vapor a la revolución industrial. Pues el gran invento que permitio el despegue industrial no fué tanto la propia máquina de vapor, sino el mecanismo que permitía ajustar y modular la potencia de estas primitivas y pesadas máquinas de vapor.

Internet es y puede ser mucho más que potencia bruta: es la posibilidad de una información veraz y libre, de una democracia participativa, de una gestión de los recursos eficaz, de una descentralización del poder, de la energía incluso. Todo eso no lo ofrece ninguna otra tecnología. Y todo eso suena muy amenazador para los que hasta ahora han detentado todo el poder.

Por lo tanto, si no supieron invertir a tiempo y acertadamente, no la tomen con internet y las puntocom. Y, desde luego, no crean que las compañías privadas tienen como misión salvar el Mundo.

 

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