Sacerdotes sin fe

Por Alberto Montiel

La Economía rige nuestra vida como hace miles de años lo hacían las religiones politeistas. Nos infunde temor reverencial al explicar nuestro destino en función de la Macroeconomía. Nos somete mediante una doctrina convenientemente interpretada por los representantes de las divinidades económicas.

Hoy, como ayer, esas divinidades se dividen, según su importancia, en entidades de primer orden (Mano Invisible, PIB, Mercado, Crecimiento, Dinero) y algunas de menor rango (Déficit, Inflación, Deuda Soberana, Prima de Riesgo, Mercado de Bonos, Bolsa de Valores, etc.)

Observamos sus señales para escrutar nuestra Suerte y Destino y escuchamos con avidez las interpretaciones de los doctos sacerdotes de mayor rango.

Pero igual que entonces, esos supuestos intérpretes de los designios divinos solo “aciertan” cuando ocurren hechos sobre los que se dispone de experiencia previa (y que fue oportunamente registrada y analizada en su críptico lenguaje sacerdotal). Y eso no es lo que sucede en nuestros convulsos días.

Somos testigos de acontecimientos nuevos en la historia (al menos en la parte de la historia sobre la que hay registros escritos comprensibles). Los dioses de la religión económica ya no sirven para interpretar la Fortuna y Destino del Ser Humano.

Igual que sucedió durante el reinado del faraón Akenatón, ha llegado el momento de eliminar a los dioses y quizá sustituirlos por un dios único, o más propiamente, una nueva conciencia.

El Estado deberá entonces someter su política a los valores de esa Nueva Conciencia, ante la que todos los viejos dioses solo son entidades muy menores.

Los Templos como los Bancos Centrales ya no deberán contar con el respaldo de los Estados. Porque los Estados deberán esforzarse en reinterpretar el Mundo a la luz de esta nueva conciencia, que en realidad no es nueva, sino que permaneció oculta por las divinidades menores en beneficio de la clase sacerdotal que custodiaba su vieja “sabiduría”.

Esa conciencia eterna es la de un Ser Humano que comprende que podemos y debemos acceder a la comprensión de algunas de las Verdades Inmutables por nosotros mismos, que nuestro intelecto e intuición son suficientes si nos lo proponemos, y que por tanto no necesitamos de sacerdotes que nos expliquen, según la conveniencia de la clase sacerdotal suprema, como debemos Vivir.

Los políticos (sacerdotes menores) son fundamentalmente incapaces de entender lo que predican, pues solo han sido adiestrados y motivados para transmitir una muy pequeña parte de la doctrina, que repetida incesantemente se ha convertido en Verdad para una mayoría de súbditos mentalmente sumisos (que no se esfuerzan en pensar por sí mismos).

Es cierto que los políticos de mayor rango no suelen ser más que simbólicas representaciones de una ilusión de poder político popular. Tan cierto como que no conocen en profundidad el críptico lenguaje de su religión económica, y que por tanto son “aconsejados” oportunamente por unos asesores que tienen información de primerísima mano de los deseos de los Supremos Sacerdotes que reparten la Felicidad (monetaria) entre sus más fieles discípulos, y que por tanto aprendieron a ganarse el favor de estos.

Nosotros, el Pueblo Llano, no necesitamos ya a estos falsos dioses, que ya solo reparten desdicha; ni necesitamos tampoco a sus sacerdotes del engaño.

Hemos de despertar y Ver la Luz. Pero nadie lo puede hacer por ti. Es tu elección.

 

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