Crisis: las piezas del Puzzle

Por Alberto Montiel

¿Qué clase de Crisis es ésta?
Si observamos el tema con un mínimo de atención veremos con cierta claridad que la crisis actual no es unidimensional, y que no se parece a ninguna otra crisis anterior. La actual añade a su dimensión global y financiera, que es una crisis del propio sistema capitalista, ya imposible de prolongar por mas tiempo al no haber ya nuevos mundos que conquistar y someter.


Sus dimensiones
La actual crisis supone, ademas, un agotamiento de la capacidad de endeudamiento de estados y personas, de la confianza en las formulas políticas y en la propia democracia; la actual crisis se constata como una encrucijada en la que confluyen mega-problemas que no se atajan honestamente, como el crecimiento demográfico, el encarecimiento -por escasez- de multitud de materias primas y fuentes de energía fósil, el cambio climático (supuestamente antropogénico), la multiplicación de graves y caras enfermedades que debilitan y matan a las personas, además de arruinar las arcas públicas, y por supuesto, el artificial problema (en realidad quizá todos son artificiales) del desempleo estructural, que sería lo más fácil de solucionar, y en un plazo de tiempo sumamente breve.
Y por encima de todos ellos, el que es el mayor problema de todos: el sometimiento de la población a unos gobernantes que trabajan para las instituciones financieras y no para la ciudadanía que les paga sus inmerecidos sueldos. Un sometimiento que es posible por la amoralidad, ceguera y cobardía de los líderes políticos.
Esta falta de ética no es algo nuevo, por supuesto, pero ahora los métodos son notablemente más escandalosos, pues la virtud es percibida como algo del pasado, y se considera que la única vara de medir las acciones humanas son su rentabilidad y el propio poder que proporcionan, un poder vacío de cualquier intención que no sea la de acumular más poder.
¿Cómo encajar las piezas?
Estas son, a groso modo, y sin entrar en detalles, las piezas del terrible puzzle, reconocibles por separado pero difíciles de encajar entre sí para formar una imagen coherente. Pero el otro día me asaltó una idea que no pude registrar al momento, pero que he tratado de reconstruir: la idea encajaba las piezas del puzzle.
Creí entender fugazmente que todo es más sencillo de lo que parece: las personas ya no cuentan, ni siquiera los altos directivos y presidentes cuentan, hoy son las propias corporaciones y sus fuerzas internas las que impulsan la acción – el beneficio que se le debe al accionariado tiene más influencia que el propio consejo de dirección – . Paradójicamente, tampoco el accionista tiene un gran poder de decisión, salvo casos aislados, pues la mayor parte de las acciones están en mano de fondos y otras instituciones, proporcionando un poder tan fraccionado que al final solo se obedece al mandato del beneficio cortoplacista (o eso nos hace creer).
Las claves: el beneficio y el crecimiento empresarial
Esto no es tampoco una novedad en sentido estricto, pero sí lo es el hecho combinado de esta despersonalización empresarial con la crisis global, que imposibilita continuar con ganancias enormes pero sin la necesidad de enormes sacrificios.
Me explico; cuando las grandes empresas tenían beneficios abundantes sin necesidad de externalizar su producción a países en desarrollo, pues sencillamente no se iban; cuando tenían beneficios sin necesidad de arriesgarse tecnológicamente a un desastre medioambiental de gigantescas proporciones, no se arriesgaban tanto; cuando ganaban sin necesidad de explotar vilmente a sus empleados o engañar a los propios clientes, no lo hacían; cuando su crecimiento no parecía amenazado no veían la necesidad de fusionarse con otras compañías para reducir la competencia (amigablemente o mediante una OPA hostil); cuando los dividendos eran la lógica consecuencia de su actividad normal tampoco necesitaban ocultar datos a los accionistas ni defraudar al fisco; cuando para crecer y obtener crédito era suficiente con mostrar los datos de su creciente beneficio tampoco era necesario desarrollar una contabilidad creativa con la que maquillar esa información; mientras los créditos hipotecarios suponían una ganancia razonable y el mercado crecía, tampoco fue necesario inventarse los hipotecas sub-prime y empaquetarlas para disimular su toxicidad, ni inventar productos complicadísimos …
Los límites del crecimiento
Los beneficios no pueden ya crecer como antes, y las deudas están ya tan infladas que no admiten más crédito. No pueden crecer porque la teta que alimenta todo el circo del capitalismo no produce a la suficiente velocidad, porque somos ya casi 7000 millones de personas en el mundo, mucho más del doble de los que éramos el año que nací; porque, entre otras cosas, el agua dulce (vital no solo para la agricultura sino también para la minería, la industria y el turismo) es ya un bien escaso, igual que los combustibles fósiles que permiten la extraordinaria producción agrícola y la energía necesaria para la globalización comercial y el modelo de vida de las grandes urbes, las tierras fértiles y los minerales metálicos estratégicos de los que depende la fabricación de artículos tecnológicos, etc.
Los beneficios no pueden continuar creciendo a base del crecimiento general, y por ello los enormes beneficios corporativos solo pueden perpetuarse a base de repartir la riqueza entre cada vez menos beneficiarios, empezando por reducir la mano de obra de estas gigantescas industrias y continuando con la precarización científicamente estudiada de los trabajadores restantes.
También se reducirán las aportaciones a los estados que los apoyaron anteriormente, bajo amenaza de des-localizaciones y des-inversiones, exigiéndoles a los líderes políticos la implementación de tremendos programas de austeridad que permitan pagar su deuda con los bancos y grandes empresas multinacionales.
Se trata de continuar con la norma de siempre de apropiación de la riqueza entre cada vez menos personas, pero con un ritmo acelerado por la brusca caída del crecimiento, convertido finalmente en decrecimiento global, pero un decrecimiento desequilibrado, caótico y sumamente violento (no un decrecimiento ordenado, equilibrado y pacífico.
Decrecimiento inevitable
El decrecimiento es realmente inevitable, pero igual que el (des)empleo podría repartirse repartiendo así la riqueza, el decrecimiento podría ser algo sumamente positivo si no se llevara a cabo a partir de las voluntades de la élite financiera.
También el desempleo es inevitable, pues los incrementos de productividad impulsados por la competitividad destruyen mucho más empleo del que crean, pero si se redujeran decididamente las jornadas, prácticamente todos los que lo desearan podrían acceder al mercado de trabajo, y en condiciones dignas.
Un pastel menor y más comensales
Pero no parece ser éso lo que dicta el mandato inevitable del beneficio transmitido a través de las élites políticas. Las grandes empresas intentarán por todos los medios seguir creciendo, o al menos defender su mercado de la competencia, y lograrlo en un mundo que ya no le ofrece mercados frescos, abundancia energética, materias primas baratas; en el que una clase media próspera esté dispuesta a pagar precios altos y les quite su producción de las manos, en la que los bancos conceden los créditos en la tranquilidad de que serán devueltos sin complicaciones.
La lucha por el espacio vital
Estas grandes corporaciones, concentradas en ciertas naciones, tratarán de hacerse con los debilitados mercados utilizando la fuerza de su influencia económica. Hoy no son necesarias guerras para apoderarse de espacio vital. Hoy la lucha es mas sutil, y se libra casi ocultamente.
Probablemente, la tercera guerra mundial no precise enfrentar ejércitos. Sin embargo, igual que ayer, los intereses de ciertas élites pueden imponerse a costa del sufrimiento del pueblo.
No creo que quepa hablar de que Alemania esté conquistando nuevamente Europa, pero sí podría decirse que ciertos intereses deudores muy concretos están siendo reclamados por la fuerza, mediante una política agresiva, con el apoyo de unos líderes sometidos a los mandatos de una aristocracia centroeuropea acreedora que sigue siendo tan sensible al daño que inflige como antaño.

Nuevos problemas, nuevas soluciones
No podemos solucionar un viejo problema con las soluciones de siempre; no nos sirven las políticas monetarias, ni de control del déficit, ni las políticas keynesianas, pues nos enfrentamos a un panorama radicalmente distinto a cualquier otro anterior. Incluso la Gran Depresión era diferente, pues el mundo no estaba globalizado ni superpoblado como lo está ahora, ni se había llegado al cenit mundial de los combustibles fósiles. Solo fue un desfase momentáneo entre el crecimiento financiero y el crecimiento de la riqueza real. Ahora el desfase se ha vuelto permanente.
Análisis multidisciplinar
La solución tampoco vendrá del ámbito de las políticas económicas, pues es imprescindible un análisis mediante varias disciplinas conjuntamente. La economía ha de estar supeditada al análisis ecológico, y la ciencia -y especialmente la tecnología- ha de estar acompañada por las humanidades, que deberían supervisar que se cumplan unos fines últimos de desarrollo humano físico y psíquico. La economía y sus variables macro estarán supeditadas al bienestar de la sociedad y no al revés.
Afrontar todos y cada uno de los asuntos
No será posible obtener éxito eliminando o reduciendo el paro, la pobreza o la contaminación, si al mismo tiempo no se modifican los mecanismos legales y democráticos que rigen la política o si continuamos sin reconocer que la superpoblación es un problema de primer orden.
La calidad por encima de la cantidad
Para medir el desarrollo de las naciones debemos olvidar magnitudes como el PIB y empezar a valorar aspectos igualmente tangibles como la salud integral, la abundancia de espacios naturales saludables y bellos, aire y agua limpios, biodiversidad, grado de expresión artística, el disfrute del tiempo libre, la confianza en el futuro… incluso la confianza en los gobernantes.
Lo pequeño es hermoso
Las soluciones a pequeña escala son muy a menudo más manejables, y la concentración (energética, económica, política) probablemente no sean mejor solución en casi ningún caso a la distribución de los recursos de producción. Tampoco lo global debería imponerse a lo local.
Desde arriba y desde abajo
Algunas de las medidas más potentes y rápidas vendrán dirigidas desde instituciones públicas, pero otras igualmente efectivas pueden diseñarse y aplicarse desde el ámbito privado y la sociedad civil.
Gobierno ilustrado
Una población instruida, sana, libre y que disfrute de abundante tiempo de ocio sería perfectamente capaz de decidir los asuntos más complejos de la política. En cualquier caso no lo haría peor que ahora lo hacen unos carísimos políticos.
Para ello debe volver a invertirse en educación, pero en una educación puesta al día, que fomente la creatividad y el conocimiento, y no sólo el conocimiento técnico aplicable a la industria.
La democracia debería ser progresivamente más participativa, y el gobierno podría aligerarse y flexibilizarse sustancialmente.
Tecnología Apropiada
Apelar a la alta tecnología como salvadora es un grave error. Necesitamos tecnología, sí, pero tecnología apropiada, que es de más bajo nivel y por tanto replicable, económica, segura, democrática incluso.
Unas nuevas finanzas
Reconociendo que el crecimiento sostenible es tan ilusorio como la máquina de movimiento perpetuo, sería deseable una moneda sin inflación ni tasa de interés, y una economía que premie el bienestar general por encima del lucro particular.
Des-materializar la economía
Ello podría significa valorar el Ser más que el Tener. Pero yendo un poco más lejos, podría significar que el Ser Humano reconozca la grandeza de su naturaleza y actúe consecuentemente.

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3 Respuestas a “Crisis: las piezas del Puzzle

  1. Me gusta tu artículo Alberto.
    Me recuerda a algunas cosas
    que decía Schumacher, a
    quién aludes, hace tiempo.
    Me doy cuenta que soy muy
    inocente en el tema de las fuerzas
    económicas que dirigen al mundo
    y no entiendo muchas cosas aquí.
    Si te comprendo, abogas por cambios
    holístas (en algún sentido de la palabra)
    y radicales. ¿Todo eso responde a algún
    partido político o movimiento social?

    • Gracias Michael, por tus comentarios.
      Lo has entendido bien; esta crisis no la superaremos con más medicina economicista (ni inyecciones de liquidez, ni más regulación, ni más neoliberalismo, etc.)
      El problema es de fondo: hemos de ser capaces de ver que vivimos en un planeta finito, en el que todo está interconectado, y que el Ser Humano está sometido a las mismas leyes de la física que cualquier otro ser vivo.
      Por otro lado, aquí no propongo nada que sea original; todas las ideas han sido expresadas por muchos estudiosos y expertos desde hace ya unos cuantos años. Lo que está ocurriendo ahora no es ninguna sorpresa, pero muchos de entre los responsables prefieren hacer creeer que no pudieron advertirlo ni evitarlo.
      Un saludo

      • Olvidé contestarte que esto no responde a ningún movimiento social ni mucho menos a la ideología de ningún partido (diría que los partidos políticos en realidad no tienen ya ideología ninguna; funcionan impulsados unicamente por estrategias electorales y de puro marketing).
        Lo que aquí escribo son solo reflexiones personales junto a un conglomerado de ideas recicladas que voy recolectando en busca de respuestas.

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