Perdiendo el Norte

Por Alberto Montiel

Recientemente visioné en internet el documental La Tierra pierde el Norte, emitido un par de dias antes en la tv pública española a horas intempestivas, cuando uno puede apenas mantener los ojos abiertos, y menos aún comprender el significado de la narración en off por unas voces de efecto narcoléptico.

Aunque el malicioso título puede dar lugar a confusión, no se trata de un documental sobre la crisis política o financiera, sino acerca de la desviación del polo Norte magnético respecto al geográfico, acusadamente notoria en los últimos años, lo cual podría sugerir que se pudiera dar, un dia de estos, el extrañísimo fenómeno de la inversión de los polos magnéticos. Casi nada.

Ya a estas alturas estamos más o menos acostumbrados a esta clase de sensacionalismos atemorizadores, que al calor de unas supuestas predicciones de los Mayas, se acumulan conforme nos aproximamos a las señaladas fechas del fin del exótico calendario maya, que alguien se ha aventurado a sincronizar con el gregoriano para darle emoción al tema, quizá para animar las próximas fiestas navideñas, que de lo contrario resultarían, otra vez más, mortalmente aburridas.

Trataré de resumir lo que entendí del documental. Y disculpen las posibles imprecisiones, sobre un tema, por otro lado, muy poco preciso.

La parte fácil del documental nos recuerda primero que hay un Norte magnético y otro geográfico (definido por el eje de rotación), que no coinciden, y que el magnético es inestable.

Aquí empieza la emoción: es tan inestable que la Tierra ha sufrido importantes variaciones e incluso inversiones polares en varias ocasiones, lo cual se demuestra por varios métodos rigurosamente científicos, como a partir del análisis de sedimentos de partículas férricas y otros materiales tan curiosos como una vieja baldosa de un monasterio. También demuestran en un sofisticado experimento de laboratorio cómo con un nucleo magnético líquido que se hace rotar dentro de una esfera, simulando el núcleo férrico terrestre, se producen unos campos magnéticos variables, que en determinados momentos incluso invierten la polaridad.

Por lo tanto, no hay que temer por el fin de la humanidad, pues ya hemos sobrevivido antes a tal fenómeno. Otra cosa es si las pasaron canutas por cambios climáticos y sobreexposición a rayos cancerígenos, o cómo fue la cosa; pero nadie dejó constancia de ello, supongo que porque aún no existía la escritura, y menos aún los documentales de la 2.

Continúo con la parte menos fácil. Existen dos escudos que nos protegen de los peligrosos rayos cósmicos: el campo magnético terrestre y el campo magnético solar (escudo solar).

El campo magnético terrestre, o magnestosfera, nos protege también del viento solar y es el responsable de las auroras boreales y australes, al producir el desvío de la partículas solares siguiendo las lineas de fuerza del campo magnético terrestre.

El escudo solar es el campo magnético del sol, que protege a todos los planetas del Sistema Solar de los temibles rayos cósmicos.

Se ha observado que ambos escudos decrecen (no se sabe por qué, pero el caso es que hoy por hoy todo está decreciendo menos los impuestos) por lo que la Tierra está más expuesta a los rayos cósmicos, y que éstos son responsables de la formación de nubes.

La relación entre los rayos cósmicos y la formación de nubes la muestran gráficamente con un barato experimento realizado con un incienso y una botella de plástico con un poco de agua (ver vídeo), aunque parece ser que en el CERN de Ginebra están gastando mucho más dinero en una versión increíblemente más sofisticada y críptica del mismo experimento: CLOUD (en este super-labortorio se gastan ingentes sumas de dinero con una generosidad equivalente a la del rescate financiero, y probablemente con similares resultados).

Sea como sea que ocurre, el resultado del aumento de rayos cósmicos, al producir aumento de la nubosidad, produciría más enfriamiento atmosférico.

Sí, dije enfriamiento, lo siento. A los que acaban de empezar a comprender la explicación del teórico (o real) calentamiento global por la emisión de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero, les convendría ponerse al día con las nuevas teorías que predicen un inminente enfriamiento (en este incierto y cambiante mundo hemos de reciclar continuamente nuestros conocimientos para no quedar en ridículo en las tertulias entre colegas o al tratar de impresionar a alguien, normalmente con intención de ligar).

Esto del enfriamiento, pese a su trascendencia, lo sueltan como por casualidad y no le dan mayor importancia (aunque uno de los científicos entrevistados no puede contener la sonrisa al afirmar que es cuestión de qué teoría tendrá más fuerza; la del calentamiento antropogénico o la del enfriamiento cíclico solar). Hagan sus apuestas, que ésto es mucho más emocionante que una porra futbolera.

El caso es que algunos científicos (quizá contagiados del espíritu apocalíptico de nuestros días) están afirmando que está empezando a manifestarse el inicio de una nueva mini Era de Hielo que nos traerá inviernos mucho más largos (y veranos mucho más cortos y frescos). Todo esto lo deducen, parece, a partir de la evolución de las manchas solares, que anticipan un período de mínimo solar, en el que la menguada radiación solar produciría un sensible descenso térmico en el planeta, o en buena parte de él.

Lo cual significa que la inversión en infraestructura turística en España (y otros países) se prevé tan rentable como útil la red de autopistas, autovías, carreteras y el parque automovilístico entero, en cuanto los árabes nos corten el suministro de petróleo por un motivo y otro (entre los muchos que tendrán).

Pero todo esto sería Pecata Minuta, comparado con el problemón del desabastecimiento de cereal, o la restricción de gas natural para calefacción, por ejemplo.

Yo sospecho algo mucho más siniestro a partir de toda esta acumulación de amenazas apocalípticas: pretenden recuperar el consumismo derrochador a pesar de las magras perspectivas económicas.

Si logran convencernos de que nos quedan cuatro días, en lugar de pensar en el futuro pensaremos en aprovechar al máximo los días de bonanaza que nos queden.. y que “nos quiten lo bailao” cuando llegue lo que haya de llegar.

No, ahora en serio; tanta intencionada confusión no pretende más que paralizarnos y hacernos creer que la mayor parte del desastre no vendrá dado por una deplorable gestión política, sino por unas fuerzas de la naturaleza sobre las que no tenemos ningún control.

Pero diseccionar este malévolo argumento me llevaría a otra historia mucho más larga sobre la que escribiré otro día: los fenómenos naturales se convierten en eso llamado “catástrofe natural” por la sobreexposición que supone la inmersión tecnológica y nuestra exaltación del mundo artificial frente al natural.

Aún en el caso de admitir que los dañinos efectos de estas fuerzas de la naturaleza son ajenos al desorden mental de la humanidad (lo cual podría también discutirse) no podemos negar que el Ser Humano está poniendo mucho de su parte en adelantar el colapso de su especie.

Para ampliar información, si se atreven:

Sobre el campo magnético terrestre.

Manchas solares

Rayos cósmicos y nubes

Éste y otros documentales en mi blog de videos

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