Juventud, divino tesoro.

Por Alberto Montiel

A juzgar por cómo es desperdiciado este gran recurso (el potencial de los jóvenes), no parece que se reconozca en ella el tesoro del popular dicho. Pero lo es, pues de su visión, motivación, capacidad resolutiva y creatividad dependerá el bienestar y la riqueza de la sociedad futura. Son, a fin de cuentas, la semilla del futuro, y sin embargo se les está encerrando en un sistema financiero-político que no ve en la población más que contribuyentes, votantes y consumidores.

Se ha posibilitado y forzado una sobre-preparación educativa que no encuentra demanda a la altura (ni aquí ni en otros lugares, desengañémonos). Pero tampoco se facilitan en absoluto las cosas al emprendedor (ni al joven ni al veterano).

Un auténtico callejón sin salida, tal como atestiguan la existencia de Ninis, el excesivo paro juvenil, o la decisión de muchos de hacer las maletas para probar suerte en otros países (lo cual no es -normalmente- algo positivo). Algunos sociólogos y observadores del asunto hablan de una generación perdida.

Pero, por si no fuera suficiente, están expuestos a nuevos riesgos.

Debido a la tecnología, que potencia lo mejor, pero también lo peor, uno de estos nuevos riesgos es la pérdida de capacidad de atención que parecen propiciar los excesos audiovisuales y la lectura y escritura hiper-breve propia de las herramientas de internet.

Otro riesgo (no suficientemente valorado) es debido a la exposición a la pornografía, que está incluso impidiendo el desarrollo de habilidades sociales entre los jóvenes varones, además de modificar en éstos patrones de comportamiento de un modo que puede traer consecuencias muy negativas, más allá del fracaso académico, tal como tratan de advertir algunos psicólogos como Phil Zimbardo.

Un riesgo más es la facilidad en la obtención de diversidad de drogas y estimulantes, y la cada vez más temprana experimentación de intoxicaciones etílicas, que pueden fácilmente convertirse en situaciones adictivas muy dañinas.

Pero quizá el más inevitable riesgo de todos venga dado por la combinación de altas expectativas vitales y económicas (alimentadas obscenamente por la tv y el cine, que exhibe como el mayor logro posible la riqueza y el poder), que creará una frustración cada vez más difícil de contener en unos jóvenes que afortunadamente aún disfrutan -en su mayoría- del llamado colchón familiar.

 Lamentablemente, la falta de medidas adecuadas (ayer y hoy) nos están trayendo consecuencias aún peores que la propia crisis económica. Pues una crisis podría ser también una oportunidad, pero sólo si hay motivación positiva y capacidad para resolverla; y no parece ser el caso.

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