Entre el libre albedrío y la fatalidad (financiera)

Por Alberto Montiel

Ahora que empezamos a renegar de la desmesura financiera que nos abocó a esta situación de crisis, necesitamos buscar el punto de equilibrio entre la resignación y el optimismo inconsciente.

Precisamos de una dosis de sano realismo para quitarnos de encima las fantasías de Tierra plana, cuernos de la abundancia y mundos sin más límites que los de nuestra imaginación.

Sin embargo, es la imaginación y la creatividad de la gente sensata la que nos puede ayudar a vislumbrar y aplicar alternativas viables, sostenibles y socialmente justas, para un mundo mejor.

Hace algún tiempo pensábamos (algunos) que la crisis que se nos venía encima (en España, Europa y buena parte del mundo que no siempre ha estado en crisis) podría resultar una excelente oportunidad de mejora. Hoy, en vista del sufrimiento que está causando, preferiríamos que se hubieran tomado decisiones más acertadas y rápidas.

Entonces sabía que no se haría, igual que hoy sé que hoy no se elegirán las mejores opciones en cuanto a coste-beneficio y justicia social. Elegirán lo más barato para sus carreras políticas, aunque resulte ruinoso para la ciudadanía.

No me cabe duda de que están ahogando la gallina de los huevos de oro que mantenía la democracia y sus escaños, y la esperanza de una sociedad de bienestar (que no acabó de llegar).

Sin embargo, para ellos no es una acción suicida en absoluto: el mecanismo de la puerta giratoria (hoy descaradamente expuesto por el dominio financiero que los ex jefes de Goldman Sachs y similares instituciones imponen en la Unión Europea) les recompensará con ganancias muy superiores. Están aprovechando el caos para proteger los intereses de la minoría más rica. Estamos contemplando el desmoronamiento de la democracia en un estado de Shock planificado por quienes llevan décadas haciéndolo en otros países.

Pero no debemos quedarnos paralizados por la crudeza con que los medios nos exponen la supuesta inevitabilidad de la tragedia; eso no es una opción. Deberíamos reaccionar inteligentemente, denunciando hechos, coordinando impulsos, para obtener una respuesta ineludible que acalle la cacofonía de los medios de información masiva.

Como sociedad, en España (al igual que en otros países a los que miran por encima del hombro aquellos países que creen estar en mejor situación) tenemos todo (o casi) lo necesario para salir de ésta y quedar en mejores condiciones de las que teníamos al inicio de la crisis.

Se trata de que si valoramos lo que tenemos: personas con (a menudo) extraordinarios conocimientos, formación y talento; infraestructuras modernas (de transportes, industria propia, edificios, seguridad, comunicaciones, sanidad, educación…), constatamos que ya somos ricos, al menos colectivamente, y que podemos organizar y utilizar esa riqueza estratégica para crear más bienestar.

Y por supuesto, también disfrutamos de ventajas que no deberíamos olvidar (envidiado por muchos ciudadanos foráneos: un espacio geográfico con un óptimo número de horas de sol, que es luz y energía simultáneamente (1), un medio ambiente aún relativamente saludable, biodiversidad, bosques y tierras fértiles aún en relativa abundancia, muchos kilómetros de costa, patrimonio de culturas milenarias, etc, etc. Todo ello de un valor incalculable.

Aunque lo mejor de todo es indudablemente la propia gente, pues en este hoy vilipendiado país, viven y prosperan, a pesar de todo, grandes creadores; diseñadores, científicos, escritores, chefs, arquitectos, artistas, empresarios… y por supuesto también ciudadanos anónimos que se entregan plenamente (a menudo a cambio de muy poco). Y ello a pesar de la desmotivación que alimentan aquellos otros cuyo esfuerzo y talento no se corresponden a sus privilegiadas retribuciones: entre ellos muchos políticos, banqueros, altos funcionarios de la administración y algunos directivos de grandes empresas.

Pero hoy todo esta magnífica estructura de verdadera riqueza se halla estabulada, cual ganado intensivo al que se le mantiene con vida únicamente para extraerle su producción.

Presumiblemente el monstruo financiero nos exigiría finalmente el sacrificio absoluto de todo vestigio de sociedad de bienestar con tal de continuar creciendo, cual tumor maligno o parásito que acabará irremediablemente con la vida de su huésped.

Pero todo esto podría evitarse si no caemos en la trampa del miedo y los sentimientos de fatalidad, sustituyéndolos por optimismo crítico y confianza en nuestras capacidades individuales y colectivas.

Debe fomentarse el talento con motivación, reconocer la realidad y no caer en el encantamiento de fantasías vacías, crear condiciones adecuadas para multiplicar las buenas opciones, realizables y sanamente consensuadas.

Debemos, por encima de todo, potenciar la mayor fortaleza que toda sociedad e individuo tienen: la Creatividad en libertad. Aplicándola mediante una eficaz metodología de solución creativa de problemas (CreativeProblem Solving), en entornos de estudiada y productiva simplicidad, con un aprovechamiento inteligente y eficiente de los recursos materiales, financieros y humanos, para obtener verdadera riqueza(3) y no sencillamente acumulación de dinero y bienes en cantidad tal que más que enriquecer esclavizan tanto a sus dueños como a sus sirvientes.

Para acabar de completar la fórmula magistral: Compromiso, Equilibrio, Buena disposición, y una imprescindible dosis de Sentido del Humor (2), para quitarle hierro al asunto. Porque el tema no es baladí.

Notas:

(1)- La energía solar, junto con la eólica, de las olas, corrientes marinas, geotérmica, e hidráulica, tienen el potencial de proporcionar toda la energía eléctrica necesaria para que la población actual de España disfrute de una calidad de vida más que satisfactoria. La luz, por su parte, es un factor básico para mantener la salud, el optimismo, y por consiguiente, altos niveles de creatividad. La luz natural, solar, con todo el espectro luminoso que la luz artificial no logra imitar, proporciona -en cierto modo- alimento al organismo humano, y su escasez es origen de enfermedades de diversa índole.

(2)- El buen humor es una fuente inapreciable de endorfinas, salud, perspectiva, optimismo, síntoma de inteligencia integradora, intuición y empatía. También es -o era- una ventaja “competitiva” de los ciudadanos del sur de Europa, al igual que la capacidad de improvisación, tan injustamente desprestigiada por nuestros vecinos del norte. Hoy más que nunca, el talento improvisatorio, es claramente superior frente a la rigidez de la excesiva planificación (que, después de todo, resulta inútil en las ocasiones más críticas).

(3)- Bienestar físico y psíquico, acceso a la cultura y a la expresión artística y cultural, medio ambiente saludable: aire y agua limpios… etc., espacios naturales, biodiversidad… ), auténtica libertad (disponer de opciones valiosas)…

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